Kanawa island

Estábamos en el aeropuerto a punto de dejar Bali… Que tristeza, noté un vacío en mi, nuestras aventuras allí de momento habían terminado, quedaban un montón de bonitos recuerdos y gente maravillosa por el camino. Cogimos un vuelo con Wings Air, un avión con hélices pequeñito pero muy confortable destino a Labuanbajo, Isla de Flores. El vuelo fue genial, con unas vistas de lujo, vimos el Rinjiani, las Gili, una serie de volcanes, lagos, la Isla de Komodo y un sinfín de pequeñas islas paraíso de ensueño. Al llegar a la área de Komodo nos dimos cuenta que el paisaje había cambiado, ahora era más seco, todo marrón, ya no había aquellas selvas verdes pero era la cuna de los dragones y teníamos ganas de verlos. Llegamos y pasamos una tarde por Labuanbajo buscando un centro de buceo que nos gustase y finalmente encontramos el Flores Dive Center que además había un instructor menorquí. Así que ya programamos las salidas de buceo que os he contado en el post anterior. Decidimos coger una barca e ir a Kanawa, una isla paradisíaca en medio del parque Natural de Komodo. Al llegar un embarcadero de madera con aguas turquesas y un montón de estrellas de mar enormes de color naranja. En la isla solo había un lugar para dormir y de hecho eran solo 18 bungalows la recepción y el comedor. Los bungalows eran muy sencillos, una cama con mosquitera y el baño al aire libre hecho con bambú, teníamos solo 50 litros de agua al día en el depósito y no había electricidad, sólo en el restaurante o recepción para cargar los móviles. La luz del bungalow funcionaba con placas solares.

Alquilamos un equipo de snorkel y nos pusimos a inspeccionar la zona. Era una maravilla, peces de colores, corales, estrellas… El agua era turquesa, la arena blanca, y solo había tiempo para relajarte y disfrutar del tiempo, una isla para dedicarte a desconectar de todo.

Por la tarde vimos, creo que hasta el momento, la mejor puesta de sol, miles de pensamientos venían a mi cabeza, emoción, me sentía afortunada y a la vez me acordaba de los míos, el sol se iba hacía donde estaban ellos… La verdad que llegó el momento de darme cuenta que aún siendo la vez que estaba más lejos de casa me sentía cerca, y era feliz en Indonesia. El tiempo pasaba al ritmo que necesitaba, cada pequeño momento lo disfrutaba y todo lo vivido era un nuevo motivo para sonreír y para continuar esperando nuevas aventuras en este asombroso lugar.
La cena se servía bajo un árbol con luces colgando en la playa. Tenían comida española ya que uno de los socios era catalán. Y no podéis perderos el pancake multifrutas… Es el pancake más grande que he visto en mi vida!!

A la mañana siguiente nos levantamos temprano de hecho en Kanawa te adaptas al sol porque tampoco hay mucho más que hacer cuando cae la noche. Fuimos a la zona este de la isla para ver la salida, fue muy bonito el sol brillaba muchísimo y salía detrás de una montaña llena de árboles en forma de silueta por el sol. Nos fuimos a desayunar, un plato de fruta, unas tostadas y café. Y luego a snorkelear un ratito. Volvimos a ver clown fish, estrellas a las que ellos llamaban Bintang, peces de colores, corales lilas… Y me quedé sola haciendo snorkel cuando de golpe ví a una raya… Dí un grito aún teniendo el tubo en la boca que Silvia me oyó desde la orilla y vino corriendo. Que gracia la forma en que se movía, sus ojos sobresalian y tenía el cuerpo amarillento con topos azules y una larga cola. El resto del día me lo pasé paseando por la isla, tomando fotos y bronceandome al sol como una lagartija. De pronto tumbada en la playa los locales empezaron un tiburón un tiburón! Aun así no me acerqué. Llegaron las 5 y con ello la hora de dejar Kanawa. Nos despedíamos de nuestro particular paraíso, un lugar que sin duda nos ha dejado una huella especial.

PD: Nos vemos en Labuan Bajo

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