Brasil llevaba mucho tiempo en mi lista de viajes pendientes. Tenía muchas ganas de conocerlo, pero había un pequeño problema: ¿por dónde empezar en un país tan enorme y con tantos lugares que descubrir?
Elegir la ruta no fue nada fácil. Brasil es de esos países en los que, cuanto más investigas, más lugares quieres visitar. Al final, después de darle muchas vueltas, decidí lanzarme a la aventura y recorrer el país durante un mes, en julio de 2026.
La ruta fue intensa y muy variada: Ilha Grande, Río de Janeiro, Iguazú, São Paulo, Salvador de Bahía, Cuiabá y el Pantanal, Barreirinhas y los impresionantes Lençóis Maranhenses, el Delta del Parnaíba y, para terminar, Jericoacoara.
Un mes viajando por Brasil da para mucho, aunque también te hace darte cuenta de lo enorme que es este país. Los desplazamientos internos no siempre son fáciles ni baratos, y en algunos casos llegar de un lugar a otro requiere bastante paciencia y varias horas de viaje. Pero precisamente ahí está también parte de la aventura.
Brasil me sorprendió por su diversidad: playas paradisíacas, selva, grandes ciudades, ríos, fauna, paisajes increíbles y culturas muy diferentes entre sí. Un viaje intenso, con muchos kilómetros recorridos y muchas experiencias, pero que sin duda ha merecido la pena.
Brasil es un país fascinante, pero antes de viajar hay algunas cosas que conviene saber. Después de un mes recorriéndolo, estas son algunas de las cosas que más me llamaron la atención y que creo que pueden ser útiles para preparar el viaje.
Mejor aprender algunas palabras en portugués. En general, el portugués es el idioma que se utiliza prácticamente en todo el país. Encontré poca gente que hablara inglés y tampoco es habitual poder comunicarse en castellano, aunque en algunas zonas turísticas es posible encontrar personas que lo entiendan. Eso sí, muchos brasileños hacen el esfuerzo de entender el famoso portunhol, una mezcla de portugués y español que acaba siendo bastante útil para comunicarse.
Algo que recomiendo muchísimo es aprender algunas palabras básicas en portugués. Los brasileños agradecen mucho que intentes hablar su idioma y, además, son palabras muy fáciles de aprender: obrigado/a, bom dia, boa tarde, eu quero.... Puede parecer un detalle pequeño, pero se nota que lo valoran y es una buena manera de empezar una conversación.
La moneda de Brasil es el real brasileño (R$). Una de las cosas que me sorprendió es que prácticamente en todas partes pude pagar con tarjeta, incluso pequeñas cantidades, por lo que no es necesario llevar mucho efectivo encima.
El problema aparece, sobre todo, cuando quieres comprar algo por internet. Algunas páginas y compañías brasileñas utilizan sistemas de pago que pueden resultar complicados para quienes viajamos desde fuera. Es bastante habitual encontrarse con el PIX, un sistema de pago instantáneo muy utilizado en Brasil, pero que no siempre es accesible para un turista extranjero. En otras ocasiones pueden pedirte el CPF, que es un número de identificación fiscal brasileño.
En alguna compañía de transporte me encontré con este problema y la solución fue pedirles que me generaran un enlace de pago mediante PayPal. De esta manera pude hacer el pago sin demasiadas complicaciones.
Viajar por Brasil es una auténtica aventura, pero también hay que tener en cuenta que las enormes distancias y la infraestructura de transporte pueden complicar un poco las cosas.
Comprar vuelos por internet no siempre resulta tan sencillo como debería y, en algunos trayectos, tuve la sensación de que falta una mejor coordinación entre los diferentes medios de transporte y más facilidades para que un turista pueda organizar los desplazamientos por su cuenta.
Brasil tiene lugares increíbles repartidos por todo el país y muchas veces llegar hasta ellos requiere combinar avión, autobús, barco, taxi o transporte privado. Por eso recomiendo planificar bien los desplazamientos y tener un poco de paciencia. A veces llegar hasta un lugar forma parte de la propia aventura.
Brasil tiene fama de ser un país inseguro y, aunque durante mi viaje tuve muy buenas experiencias, es cierto que hay zonas y situaciones en las que conviene extremar las precauciones.
Como siempre cuando viajo, creo que lo más importante es utilizar el sentido común, informarse previamente sobre las zonas por las que te vas a mover y, sobre todo, hacer caso a la intuición. Si un lugar o una situación no te transmite buenas sensaciones, mejor no arriesgarse.
En ciudades grandes como Río de Janeiro, São Paulo o Salvador de Bahía recomiendo prestar especial atención. No es buena idea caminar constantemente con el móvil en la mano, especialmente en determinadas zonas, y también conviene estar atento incluso cuando utilizas un Uber. Durante el viaje escuché casos de robos desde vehículos, por lo que tampoco hay que bajar la guardia simplemente por ir en transporte privado.
También es habitual encontrar personas que viven en la calle, a las que en Brasil se conoce como moradores de rua. Por la noche, especialmente en determinadas zonas céntricas de las grandes ciudades, conviene ser todavía más prudente.
Utilicé Uber en numerosas ocasiones y me pareció una opción muy cómoda, rápida y fácil de utilizar. Incluso para trayectos de apenas diez minutos, en determinadas zonas preferí coger un Uber antes que caminar. Para mí fue una buena forma de moverme por las grandes ciudades con mayor tranquilidad.
Una de las cosas a las que más me costó acostumbrarme fue algo tan sencillo como tirar el papel higiénico.
En Brasil no se debe tirar el papel al inodoro, ya que las tuberías pueden atascarse. Por eso es muy habitual encontrar una papelera al lado del WC en prácticamente todos los baños.
Al principio me costó acordarme y más de una vez tuve que pensar: “¡El papel, a la papelera!”. Después de unos días ya lo haces automáticamente.
Si hay algo que forma parte de Brasil es la música. La música está presente en todas partes y, para mí, vivirla en directo fue una de las mejores maneras de acercarme a la cultura brasileña.
Asistir a una roda de samba, por ejemplo, es mucho más que hacer una actividad turística. Es una oportunidad para sumergirte en el ambiente, escuchar música en directo, bailar, observar cómo disfruta la gente y, sobre todo, compartir un momento con los brasileños.
Y precisamente esa es otra de las cosas que más me llevo del viaje: su gente. Me encontré con personas muy acogedoras, amables y dispuestas a ayudar. Durante todo el viaje me sentí muy cómoda relacionándome con los brasileños y, en general, estuve muchísimo a gusto.
Sin ninguna duda.
Acabo de volver y ya tengo ganas de regresar.
Brasil es enorme, diverso, intenso y, en algunos momentos, puede resultar un poco complicado para viajar. Pero precisamente todo eso forma parte de la experiencia. Hay playas espectaculares, ciudades llenas de vida, naturaleza, fauna, música, cultura y paisajes que parecen de otro planeta.
Después de un mes viajando por el país, tengo claro que Brasil es uno de esos lugares que no se conocen en un solo viaje. Y eso solo puede significar una cosa: tendré que volver.